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La independencia y la anexión de Centroamérica a México


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HISTORIA DE LA TRIBUTACIÓN EN GUATEMALA
(DESDE LOS MAYAS HASTA LA ACTUALIDAD)
GUATEMALA, DICIEMBRE DE 2007

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La independencia y la anexión de Centroamérica a México
Cuando en 1825, George A. Thompson llegó a las cercanías de la ciudad de Guatemala, le pareció que por fin había llegado a un lugar con cierto grado de civilización. Al contemplar la ciudad desde las montañas de Fraijanes, lo impresionaron las cúpulas y campanarios que brillaban al sol y los árboles que podían verse por todas partes.1 Thompson estaba en Guatemala por encargo del gobierno británico, interesado en tener noticias sobre los aspectos políticos, económicos y sociales del país que, por otro lado, no podían ser más agitados y conflictivos. La tranquilidad que exhibía la ciudad al contemplarla desde lejos era aparente.

Centroamérica se había declarado independiente cuatro años antes de la visita de Thompson. Su estadía en el país coincidió con la transición de los años de la anexión a México al sistema federal. Las divisiones políticas, los regionalismos, las guerras civiles y la situación económica que rayaba en la precariedad ya eran visibles y se convertirán en las señas de identidad de este primer intento de integración centroamericana, al que eventualmente conducirían al fracaso.

La independencia se ubica en el contexto de la crisis que provocó la invasión napoleónica en España y la usurpación del trono por los Bonaparte. A su vez, las guerras de independencia que se libraron en América del Sur y en México tuvieron como consecuencia la emancipación política de buena parte del continente americano.

Los acontecimientos que se registraron en México tuvieron un papel determinante en la independencia de la región centroamericana. Cuando México proclamó su independencia, las autoridades españolas del Reino de Guatemala tuvieron ante sí una disyuntiva: “enfrentarse al nuevo estado independiente o seguir sus pasos”.(2)

Los movimientos a favor de la independencia de la región habían iniciado en 1808, aprovechando el vacío de poder en la península ibérica. Hubo intentos emancipadores en El Salvador y Nicaragua en 1811-1812, que también fueron manifestaciones contra el monopolio que ejercían los comerciantes guatemaltecos sobre la región. El intento de rebelión local, la llamada Conspiración de Belén, tuvo lugar en 1813. El gobernador del reino, José Bustamante y Guerra, logró controlar las insurrecciones y mantener una calma precaria.

En 1820 circularon dos periódicos que correspondían a las corrientes políticas de la época: El Editor Constitucional, publicado por Pedro Molina, del partido independentista o “Caco”, y el Amigo de la Patria, por José Cecilio del Valle, hombre de confianza de Bustamante y Guerra, del partido realista o “Gas”.(3) La polémica que se estableció entre ambos editores favoreció la discusión sobre la independencia entre las clases ilustradas. En el mismo año, el sucesor de Bustamante y Guerra, Carlos Urrutia, había delegado el mando político y militar en Gabino Gaínza.

Los sucesos políticos de México eran seguidos en el país con mucha atención. Cuando Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala en febrero de 1821,(4) las elites de la capital de Guatemala supieron que la independencia de España estaba cerca. En los primeros días de septiembre, Chiapas se adhirió al Plan de Iguala. Pedro Molina y Mariano de Aycinena convencieron a Gaínza de la necesidad de la independencia y le prometieron que él conservaría el mando.(5)

El 14 de septiembre las noticias sobre Chiapas llegaron a Guatemala. También corrió el rumor sobre un contingente armado que proveniente de México llegaría a imponer la independencia. Rápidamente, Gabino Gaínza organizó una pequeña asamblea para discutir la situación con un grupo de “notables por su rango e ilustración”, entre los que se encontraban los miembros del Ayuntamiento, del Cabildo Eclesiástico y de la Diputación Provincial.(6) El resultado fue el Acta de Independencia del gobierno español, promulgada el 15 de septiembre, en cuyo texto se lee que el Jefe Político declara la independencia, “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase el mismo pueblo”.

En el acta se estipuló que las provincias, una vez enteradas de la nueva situación política, elegirían representantes para formar una Asamblea Constituyente con el propósito de escoger la forma de gobierno y redactar la ley fundamental que habría de regirlo. Se esperaba que los diputados estuvieran en la ciudad capital el 1 de marzo de 1822. El documento también estableció que Gabino Gaínza continuara como Jefe Superior Político y Militar y que se formara una Junta Provisional Consultiva. No se especificó ningún cambio sustancial en la forma de gobierno ni en las autoridades establecidas, en espera de las resoluciones del Congreso previsto para marzo. Sin embargo, el ensayo de representación democrática, anunciado en el acta de independencia, se interrumpió con la decisión de unir Centroamérica al imperio mexicano.

La anexión a México fue consecuencia del peculiar proceso independentista de la región y reflejó las tensiones que existían entre Guatemala y las provincias. En San Salvador, José Matías Delgado declaró la independencia absoluta. En Honduras, Tegucigalpa aceptó la posición de la ciudad capital pero Comayagua se declaró independiente, mostrando alguna inclinación a la anexión a México. Lo mismo sucedió en Nicaragua, pues mientras Granada acató la decisión de Guatemala, León se declaró independiente de España y Guatemala.(7)

Estas escisiones tuvieron como resultado enfrentamientos armados en algunas provincias, iniciando así el camino de las confrontaciones que a la larga llevarían a la fragmentación política del istmo centroamericano. La anexión a México reveló, además, las diferencias entre conservadores y liberales. En términos generales, la anexión fue respaldada por los conservadores, mientras que los liberales estaban a favor de la independencia absoluta bajo un sistema federal.

En octubre de 1821, Agustín de Iturbide envió una misiva al gobernador Gaínza, invitándole a anexarse al imperio mexicano, dándole a conocer las ventajas de la unión y sugiriéndole que explorara “la voluntad de los pueblos” al respecto. También le informó que “una división numerosa y bien disciplinada” marchaba en dirección a la frontera.(8) De nuevo, la noticia de un ejército invasor procedente de México forzó a las autoridades y a las elites a tomar una decisión.

El 5 de enero de 1822, Gabino Gaínza y la Junta Provisional Consultiva firmaron el Acta de la Unión de las Provincias de Centro América al Imperio Mexicano. En ese documento se declara que la “voluntad general” expresada a través de los 170 ayuntamientos que respondieron a la consulta del gobierno, estaba a favor de la unión.(9) Sólo San Salvador y Granada se resistieron a la anexión.

El arribo de tropas mexicanas al país en junio de 1822, bajo el mando de Vicente Filísola, designado para relevar del poder a Gabino Gaínza, puso fin a las aspiraciones independentistas de San Salvador, pues aunque en un primer momento se trató de negociar la unión finalmente se optó por la opción armada, que llevó a la ocupación del territorio rebelde y a la capitulación de San Salvador, en febrero de 1823.(10)

En México, mientras tanto, los liberales dirigían sus esfuerzos al derrocamiento de Iturbide. El 29 de marzo, Filísola hizo del conocimiento de la Diputación Provincial la derrota del emperador y propuso la reunión de un Congreso en Guatemala, según lo establecido por el acta del 15 de septiembre.

El principal objetivo del Congreso era “examinar el pacto de 5 de enero de 1822, las actuales circunstancias de la nación y el partido que en ellas convenga tomar a estas provincias”.(11)

Siguiendo la recomendación de Filísola, la Asamblea Nacional Constituyente se estableció el 24 de junio de 1823 con representantes de todas las provincias, excepto Chiapas, que se unió a la nueva república mexicana.(12) Después de dieciocho meses de caos, una nueva república estaba por surgir.

La hacienda pública
Al caos político de esos años habría que agregar la crisis fiscal que enfrentó la región. No es una exageración afirmar que en 1821 Centroamérica no contaba con la base financiera adecuada para empezar su vida independiente. El informe que el Ministro Tesorero Manuel Vela presentó a la Corona española sobre el estado del erario en 1821, proporciona datos útiles para conocer la situación de la hacienda pública en ese momento.

La escasez de fondos era abrumadora. Según Vela, al 29 de septiembre de 1821 la Tesorería contaba con la existencia efectiva de sesenta pesos y medio real. Agrega que esa había sido la “triste situación” de de la hacienda, pues los ingresos siempre fueron bastante menores que los gastos.(13)

Por otro lado, informó que el nuevo gobierno no había podido aumentar los ingresos, afectados con la supresión del tributo. Este impuesto, la alcabala y la renta de tabacos habían sido los ramos más productivos de la hacienda durante el régimen colonial. Según Vela, la Guatemala independiente no tenía fondos para subsistir, “mayormente cuando no le es posible suplirla sin peligro con nuevas contribuciones”.(14)

En efecto, una de las preocupaciones de la Junta Provisional Consultiva era establecer una estructura financiera viable para Centroamérica. El problema se resumía en encontrar una forma de captar recursos sin levantar la ira de la ciudadanía en el contexto de una economía deprimida.(15)

Para enfrentar la crisis, la Junta sustituyó el tributo que pagaban los indígenas por una “contribución”, en tanto el Congreso a establecerse en marzo de 1822 dispusiera otra cosa. Acudiendo a una práctica usual en la época colonial, la Junta estuvo de acuerdo en tomar dinero de los fondos de comunidad. A pesar de la defensa que hiciera José Francisco Barrundia del derecho de las comunidades indígenas a contar con recursos “producto de su sudor”, a finales de 1822 los bienes de comunidad se habían agotado casi por completo.(16)

Por otro lado, la Junta autorizó un impuesto sobre los bienes de los españoles que estaban abandonando el país, un “impuesto de exportación” del 10 por ciento sobre el valor de las posesiones en oro y plata, y del 4 por ciento sobre el valor de perlas y piedras preciosas.(17)

La Junta Provisional Consultiva tomó otras medidas para procurarle fondos al erario. El 13 de febrero de 1822, estableció el primer arancel de aduanas de la época independiente. En el discurso que precedió a la presentación del documento, se mencionó la libertad de comercio como la primera base del arancel, condición que no objetaba la protección a que tenía derecho la incipiente industria “rural, fabril y mercantil”.(18)

El arancel, de carácter provisional, estipuló cuatro categorías para los frutos y géneros de importación y exportación: prohibida, libre de derechos, aforo nominal por el arancel y aforo por el vista. En términos generales, prohibía la exportación de moneda macuquina, oro y plata, y la importación de libros o manuscritos contrarios a la religión y las buenas costumbres.

Era libre la importación de libros impresos o manuscritos, de instrumentos útiles para las ciencias, papeles de música, instrumentos y maquinaria útiles para la agricultura, la industria o la minería. Los frutos cosechados o efectos y géneros manufacturados en las provincias de Guatemala no pagarían derechos de exportación, excepto el aguardiente de caña, alhajas de oro y plata, añil, bálsamo, balsamito, cacao, oro acuñado y plata acuñada o labrada, para los que aplicaría un porcentaje que dependía de su valor declarado. También estableció diferentes porcentajes para el aforo del vista, dependiendo del lugar de procedencia, sobre los géneros de algodón, lino o seda. Una vez pagados los derechos respectivos, la circulación interior de los productos estaba libre de cualquier otra contribución nacional.(19)

En otra medida, la Comisión de Hacienda de la Junta sugirió un impuesto de la bebida llamada chicha, pues su consumo era general y no producía ningún ingreso para el erario. Esgrimiendo argumentos morales (ayudaría a controlar la embriaguez, refugio y degradación del pueblo) y fiscales (si se instalaban en la capital 200 chicherías, producirían una renta anual de 24 mil pesos), la Comisión abogó por el establecimiento de este impuesto que beneficiaría a “un erario pobre y digno de arbitrios que socorran sus escaseces”. En consecuencia, el 30 de enero de 1822 se aprobó un impuesto de diez pesos mensuales por la licencia para vender la bebida.(20)

Con la anexión de Centroamérica a México se esperaba que la situación financiera mejorara pues en los últimos años del período colonial el virreinato de la Nueva España había enviado 100 mil pesos anuales al Reino de Guatemala para ayudar a paliar la crisis y se esperaba que los siguiera enviando bajo el nuevo régimen independiente. Sin embargo, el subsidio no llegó y la situación financiera continuó deteriorándose. De hecho, la presencia de tropas mexicanas y las expediciones militares para someter a San Salvador terminaron por llevar a la bancarrota al gobierno guatemalteco, pues consumieron “los fondos de comunidad, de propios, de casa de moneda, de depósitos y casi todos los productos de las rentas comunes”.(21) Además, Filísola tuvo que recurrir a préstamos de particulares para poder afrontar los gastos de tropa y otros empleados públicos. Cuando cayó Iturbide, Guatemala tuvo que correr con los gastos del retiro de las tropas mexicanas de su territorio.(22)

En otras palabras, la crisis política incidió directamente en la crisis fiscal. La división y los enfrentamientos entre las provincias provocaron que la administración central no recibiera fondos provenientes de impuestos pues cada una reservó para su propio funcionamiento los exiguos ingresos tributarios.(23)

El gobierno no pudo implementar completamente el arancel de aduanas de febrero de 1822. No había manera de recolectar impuestos pues las administraciones no contaban con personal calificado ni tampoco había recursos para pagar sueldos. La consecuencia directa fue el aumento del contrabando, principalmente desde Belice (Wallis) que privó a la hacienda pública de los ingresos por alcabala.

Hubo un intento de poner en marcha la ley de aduanas mexicana en septiembre de 1822, pero con pocos resultados pues los aranceles eran exagerados en comparación con los que la región había venido pagando; establecía, por ejemplo, un impuesto de ventas del 12 por ciento. Las protestas no se hicieron esperar y la Diputación Provincial recomendó a Filísola que dejara la alcabala en los niveles aceptados anteriormente por la población. En diciembre, con los fondos completamente agotados, Filísola no tuvo otra opción y restableció la alcabala del 4 por cierto. También introdujo la alcabala de viento sobre algunos productos alimenticios básicos. Las reacciones adversas fueron inmediatas y en la Diputación Provincial se discutió el efecto negativo que esta nueva alcabala estaba teniendo en la percepción de la gente sobre la anexión a México.(24)

La situación financiera de Guatemala y de la región centroamericana no mejoró en los primeros meses de 1823. Cuando la aventura imperialista de Iturbide llegó a su fin, Vicente Filísola tomó, a la par de las medidas políticas, la decisión de validar el arancel de aduanas de febrero de 1822, que regiría con carácter provisional.(25) Quedaría en manos de la Asamblea Nacional Constituyente y del Congreso Federal tomar las medidas necesarias para fortalecer la maltratada hacienda pública.

En este corto lapso, la inestabilidad política y la debilidad del gobierno, en teoría dependiente de México, hizo muy difícil poner en práctica medidas que fortalecieran los ingresos tributarios. Otro desafío importante fue el implementar medidas tributarias complejas, como el arancel aduanero y la recaudación proveniente de las provincias centroamericanas, en un entorno marcado por las dificultades inherentes a la puesta en funcionamiento de una nueva administración tributaria. En síntesis, se mantuvo la debilidad financiera heredada del período colonial.



1 George Alexander Thompson, Narración de una visita oficial a Guatemala viniendo desde México en 1825 (San Salvador: Ministerio de Educación, 1972), p.67. En esa época, la ciudad de Guatemala tenía, como máximo, 30 mil habitantes.
2 Jorge Luján Muñoz, La independencia y la anexión de Centroamérica a México, 2ª ed. (Guatemala: Serviprensa Centroamericana, 1982), p.30.
3 Alejandro Marure, Bosquejo histórico de las revoluciones de Centroamérica, T.I (Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1960), p.58. Luján Muñoz, Op. cit., pp.26-27.
4 Se conoce como Plan de Iguala la proclama de Agustín de Iturbide que contenía la normativa que debía regir al imperio mexicano. Llamado también “de las tres garantías” porque proclamó la conservación y defensa de la religión católica, la independencia bajo una monarquía constitucional y la “unión íntima de americanos y europeos”.
5 Ralph Lee Woodward, Jr., Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Athens: The University of Georgia Press, 1993), p.22.
6 Luján Muñoz, Op. cit., p.31.
7 Marure, Op. cit., pp.74-75.
8 Luján Muñoz, Op. cit., pp.157-162.
9 Ibid., pp.183-185. Ciento cuatro ayuntamientos estuvieron completamente de acuerdo con la unión y dos no estuvieron de acuerdo, los demás argumentaron posiciones intermedias variadas. Es necesario recordar que en Guatemala, Quezaltenango y Sololá ya se habían adherido al imperio mexicano.
10 Woodward, Op. cit., p.24.
11 Luján Muñoz, Op. cit., p.206.
12 Ibid., p.24; Marure, Op. cit., p.110.
13 Manuel Vela, “Informe del Ministro Tesorero de las Reales Cajas de Guatemala, acerca del estado deficiente del erario antes y después del 15 de septiembre de 1821, Madrid 11 de marzo de 1824”, en Economía de Guatemala en los siglos XVIII y XIX (Guatemala: Editorial Universitaria, 1974), p.74.
14 Ibid., pp.76-78. Como el afán de Vela era que la Corona española recuperara sus posiciones en Centroamérica, sugirió que el bloqueo marítimo de los puertos de Omoa y Trujillo terminaría con la incipiente república, pues impediría la introducción de armas y tornaría difícil la salida de los productos de la región. Ibid., p.96. Desde el punto de vista de la hacienda, el bloqueo hubiera erosionado el importante ramo de alcabala marítima.
15 Rodríguez, Op. cit., p.153.
16 Ibid., pp.174-175.
17 Ibid., pp.153-154.
18 Luján Muñoz, Op. cit. p.193.
19 Ibid., pp.201-202.
20 Magda Leticia González S., “El estanco de bebidas embriagantes en Guatemala, 1753-1860” (tesis de licenciatura, Guatemala: Universidad del Valle de Guatemala, 1990), pp.108-109. El estanco de chicha se estableció por primera vez en el Reino de Guatemala en 1798 pero no duró más de 5 años. En su segunda etapa siguió llamándose estanco aunque el gobierno, debido a las características de la fabricación de la bebida, no podía controlar la producción. De ahí que se haya optado por extender licencias de venta.
21 Marure, Op. cit., p.115. Marure indica que los fondos de la Casa de la Moneda que pasaron al gobierno ascendían a 400 mil pesos. Ibid., p.175.
22 Marure señala que gracias al préstamo del ciudadano Joaquín Vidaurre, quien ofreció ocho mil pesos de su capital, se pudieron cubrir los gastos del regreso de la tropa. Ibid., p.130.
23 Wortman (1982), Op. cit., pp.232-233.
24 Rodríguez, Op. cit., pp.176-178. Según García Peláez, “la alcabala nombrada del viento, [se] adeudaba en las mercaderías forasteras, que viene a ser el almojarifazgo de entrada”. Op. cit., T.I, p.203.
25 Luján Muñoz, Op. cit., p.206.



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