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La Federación Centroamericana, 1823-1840


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HISTORIA DE LA TRIBUTACIÓN EN GUATEMALA
(DESDE LOS MAYAS HASTA LA ACTUALIDAD)
GUATEMALA, DICIEMBRE DE 2007

(Ir a Index de Contenidos Historia de la Tributacion en Guatemala)

La Federación Centroamericana, 1823-1840
Una de las consecuencias del fracaso de la anexión a México fue la reducción de la influencia de la tendencia política conservadora. De ahí que la Asamblea Nacional Constituyente tuviera una mayoría liberal. La asamblea inició sus sesiones el 24 de junio de 1823, con 41 representantes de Guatemala y El Salvador. El 1 de julio, emitió el decreto de independencia de las Provincias Unidas del Centro de América, el cual las declaró “libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquier otra potencia”.(26)

Los diputados tenían ante sí una tarea enorme. Debían sentar las bases de un sistema federal que funcionara en condiciones políticas y económicas precarias. Ya se había demostrado que las diferencias entre las provincias eran fuertes y que podían acabar con el intento de unión centroamericana. No obstante, los liberales centroamericanos se dieron a la tarea de fundar una nueva república.

Para entender la historia de la Federación Centroamericana, por un lado, y del Estado de Guatemala, por el otro, es necesario tener presente dos grandes momentos: el primero gira alrededor de la Asamblea Constituyente y las disposiciones que tomó en los planos político y de hacienda para asegurar la supervivencia de la Federación. El segundo, a partir de 1829, se centra en Francisco Morazán, el rescate del proyecto federal y su posterior derrota. Guatemala transitó por un breve período liberal al que siguieron unos años de dominio conservador, luego el gobierno liberal de Mariano Gálvez, su caída y la instauración de un nuevo régimen conservador de larga duración.

Como telón de fondo a este vaivén ideológico se encuentran las continuas guerras civiles que asolaron la región centroamericana en esos años, cuyas consecuencias políticas y económicas serían cruciales para el destino de la Federación, y la crisis fiscal, una amenaza constante para el proyecto unionista en general y para la supervivencia del Estado de Guatemala en particular.

Los primeros años de la Federación
La Constitución de 1824 estableció el marco bajo el cual se regirían el gobierno federal y el de los estados miembros. En su texto se percibe una tendencia liberal moderada, producto de los acuerdos a que llegaron los diputados cuando redactaron el documento. La Constitución garantizó las libertades individuales, prohibió la esclavitud y estableció un sistema de gobierno compuesto por tres organismos: Legislativo (congreso federal y senado) Ejecutivo (presidente, vicepresidente y secretarios de despacho) y la Suprema Corte de Justicia.

También dictó medidas para la organización política estatal que debía ser compatible con la federal. En consecuencia, estaría compuesta por el poder Legislativo, un Consejo Representativo, el poder Ejecutivo (Jefe de Estado) y el Judiciario. La Constitución fue sancionada el 22 de noviembre de 1824 y ratificada por el Congreso Federal en agosto de 1825.(27)

Por otro lado, la Comisión de Hacienda de la asamblea reconoció la importancia de la organización de las finanzas públicas para asegurar la existencia de la república. Además de la seguridad y defensa, “la hacienda es uno de los primeros elementos de su existencia; para que haya hacienda es necesario un sistema en que marchen a la par el orden, la economía, la claridad; al paso que la desaparición de la hacienda, repite la comisión, es el peor sistema de la ruina de Estados constituidos”.(28)

De ahí que la Constitución hiciera recaer en el Congreso las atribuciones relacionadas con el sistema de hacienda. Así, por ejemplo, le correspondía fijar los gastos de la administración general, decretar y designar rentas para cubrirlos y si no fueran suficientes, asignar cupos a cada Estado, según su población y riqueza. También podía decretar en casos extraordinarios, pedidos, préstamos e impuestos extraordinarios. Además, podía calificar y reconocer la deuda nacional, destinar fondos para su amortización y contraer deudas sobre el erario nacional.(29)

El Estado de Guatemala sancionó su propia Constitución en octubre de 1825. En lo que respecta a la cuestión hacendaria siguió los lineamientos trazados por la Constitución Federal y delegó en la Asamblea Legislativa determinar los gastos de la administración estatal y decretar los impuestos y contribuciones necesarios para cubrir éstos y su parte de los gastos de la administración federal. Las contribuciones directas serían repartidas igualmente entre los habitantes, en proporción a sus facultades, sin privilegios ni excepciones, de acuerdo con la población y riqueza de los departamentos del Estado. Las contribuciones e impuestos municipales serían decretados también por el Legislativo, quedando en manos de las municipalidades proponer arbitrios para cubrir necesidades territoriales.(30)

Después de una animada campaña presidencial, resultó electo primer presidente de la Federación el salvadoreño Manuel José Arce. En Guatemala, Juan Barrundia fue electo Jefe de Estado. La agitación que distingue a estos primeros años del régimen federal llevó a más de una crisis política. La más notable se dio entre los gobiernos federal y estatal en Guatemala, sede de ambos, provocada en buena medida por los conservadores, que protestaron por las medidas “radicales” de los liberales, como la imposición de nuevos impuestos y préstamos forzosos.(31)

En abril de 1826 Arce destituyó a Barrundia y el Vicejefe de Estado, Cirilo Flores, huyó a Quezaltenango desde donde trató de gobernar. Flores fue asesinado salvajemente por una muchedumbre, lo que acabó con el primer gobierno liberal. Le corresponde a Arce el dudoso honor de haber dado el primer golpe de estado de la época independiente, el 8 de octubre de 1826. Con el apoyo de Arce, Mariano de Aycinena, un conservador, asumió el control del Estado de Guatemala.

Desde El Salvador se inició un movimiento para derrocar a Arce. En este nuevo conflicto intervinieron fuerzas de El Salvador, Honduras y Guatemala, inaugurando así una nueva etapa de guerras civiles. Los años 1826-1829 fueron de ofensivas y contraofensivas. La facción liberal, con Francisco Morazán al mando, logró derrocar a los gobiernos conservadores de El Salvador y Guatemala en 1829. José Francisco Barrundia pasó a ocupar provisionalmente la presidencia de la Federación en abril de ese año. En Guatemala, la Asamblea eligió en agosto a Pedro Molina como Jefe de Estado. El gobierno de Molina fue transitorio pues fue destituido por Antonio Rivera Cabezas en marzo de 1930, inaugurando así un nuevo período liberal.

Los liberales en el poder: el gobierno de Mariano Gálvez en Guatemala
Con Antonio Rivera Cabezas y la posterior elección de Mariano Gálvez para ocupar la jefatura del Estado guatemalteco, se inició el primer gobierno liberal del siglo XIX en el país. El gobierno de Gálvez (1831-1838) trató de implementar un programa de reformas con miras al desarrollo económico y social.

Durante su mandato, Gálvez promovió medidas que no fueron bien recibidas por las elites conservadoras. Así, la expropiación de los bienes eclesiásticos, la exclaustración de las órdenes religiosas, la abolición del diezmo, la autorización del matrimonio civil y la legalización del divorcio fueron un balde de agua fría para la tradicionalmente poderosa Iglesia católica, un desafío a su influencia en todos los ámbitos. No es de extrañar que en el levantamiento de 1837, los párrocos estuvieran a la vanguardia del movimiento.(32)

Entre las medidas para fomentar el desarrollo del país se encuentran el incentivo del cultivo de la grana o cochinilla y del café, la construcción de caminos o la mejora de los existentes y la colonización por medio de la inmigración.(33) Quiso también poner en marcha un ambicioso plan educativo, cuyo propósito era universalizar la enseñanza primaria y volverla laica, que quedó sobre el papel pues encontró la oposición de la Iglesia católica, en ese entonces rectora de la educación en Guatemala. El programa educativo también encontró un valladar en el aspecto financiero pues debido a lo exiguo de los ingresos y a otras necesidades urgentes pasó a ocupar un segundo plano.(34) No obstante, esa tentativa sería utilizada más adelante contra el gobierno, pues se le hizo creer a la población que estaba dirigida a eliminar a indígenas y mestizos.(35)

Aunque se creía que Guatemala atravesaba un período de paz y tranquilidad, un movimiento de oposición empezó a crecer entre los sectores medios y bajos. La política fiscal, de la que nos ocuparemos adelante, había golpeado a la población, especialmente el impuesto denominado “capitación” que recordaba el tributo colonial.

Otra medida que vino a soliviantar el ánimo de las clases populares fue el requerimiento de mano de obra para mejorar y extender la red vial, necesaria para la expansión agroexportadora. La obligación de trabajar en caminos, aunque no era novedad, no fue bienvenida pues adquiría connotación de trabajo forzado para aquellos que no podían pagar el equivalente monetario de los tres días mensuales de trabajo requeridos por la ley.(36)

El factor desencadenante de los acontecimientos que finalmente llevaron a la caída del régimen liberal fue la epidemia de cólera que llegó al país a finales de 1836. Aunque inicialmente el gobierno tuvo éxito en la implementación de cordones sanitarios en la frontera con México, eventualmente la epidemia arribó a través de Belice. La población, predispuesta contra el régimen debido al cobro de la capitación, llegó a creer que el gobierno en lugar de purificar el agua (una medida para combatir el cólera) la estaba envenenando. El pánico se apoderó de las masas, especialmente en el oriente del país. Este fue el escenario en el cual surgió la revuelta encabezada por Rafael Carrera en 1837, que daría fin al régimen liberal.

El financiamiento de la Federación y del Estado de Guatemala
Uno de los argumentos que se presentan al discutir el fracaso del proyecto federal, además de las circunstancias políticas exacerbadas por el enfrentamiento entre liberales y conservadores, consiste en señalar la incapacidad de la Federación para llevar a la práctica las medidas que le permitieran crear la base financiera necesaria para asegurar su existencia.

De hecho, una de las preocupaciones de la Asamblea Nacional Constituyente instalada en 1823 fue el sistema impositivo. La Asamblea tomó medidas de carácter provisional para asegurar los ingresos. Así, ratificó el cobro de la alcabala al 4 por ciento, suprimió la alcabala de viento y mantuvo los impuestos sobre el tabaco y la pólvora. Los ingresos del monopolio del tabaco, alcabala marítima, correos y pólvora fueron las rentas que la Asamblea destinó al sostenimiento de la República.(37)

Sabiendo que los ingresos eran menores que los gastos, la Asamblea anunció en diciembre un programa de impuestos directos, basado en la capacidad de pago de los individuos. Todos los hombres tendrían que contribuir, excepto los miembros de órdenes religiosas dedicadas al trabajo social. El 12 de enero de 1824, la Asamblea publicó la ordenanza respectiva. La tarifa impositiva tenía varios rangos, desde cuatro reales anuales para sirvientes o trabajadores cuyas edades oscilaran entre los 18 y 50 años, hasta 20 pesos anuales para propietarios de grandes haciendas y casas comerciales. Un artesano pagaría 6 reales; un hacendado mediano, cinco pesos; un comerciante, 10 pesos; los vendedores de aguardiente cinco pesos y los de chicha, tres. Los profesionales (abogados, médicos, cirujanos) contribuirían con cinco pesos anuales y quienes vivían de sus rentas, con el 0.5 por ciento sobre sus ingresos.(38)

Esta ley no llegó a implementarse pues encontró resistencia entre los habitantes, que se negaron a ser censados (sin datos sobre los posibles contribuyentes no se sabría a cuánto ascenderían los ingresos) e incluso se registraron incidentes entre regidores y habitantes de la ciudad de Guatemala, por la resistencia de los últimos a ofrecer información. Después, las guerras civiles interrumpieron el proceso.(39) George A. Thompson, quien contó con el apoyo del presidente Arce para realizar su misión, no encontró entre la información que le entregó el Secretario de Hacienda ingresos provenientes de este impuesto. En su informe mencionó la alcabala, el tabaco y otros veintiséis impuestos vigentes en 1825.(40)

Los ingresos de las cuatro rentas asignadas a la República no llegaban completos o simplemente no llegaban, pues las autoridades locales cobraban los impuestos pero no los remitían a la caja central. En esos años recayó sobre Guatemala el financiamiento de la Federación.(41) Las penurias fiscales eran compartidas por todos los Estados (el caso extremo era Honduras) pues cada uno debía asegurar los fondos para mantener a flote su administración.

La práctica del préstamo forzoso se volvió común para satisfacer las necesidades más urgentes de la República. El primero ocurrió en 1823, cuando el gobierno federal necesitaba seis mil pesos para el equipamiento de la tropa que custodiaría los puertos del Atlántico. Ciento nueve comerciantes guatemaltecos contribuyeron con diversas cantidades para cumplir con el requerimiento.(42)

El gobierno federal hizo valer el mandato constitucional sobre la asignación de cupos para cubrir los gastos de la República en 1825, pues previó un déficit de más de un cuarto de millón de pesos. En consecuencia se hizo un cálculo de los ingresos imponibles y se asignaron a las provincias los cupos respectivos, que fueron desestimados por los gobiernos estatales, aduciendo escasez de fondos.(43)

El gobierno del Estado de Guatemala también solicitó préstamos forzosos. Por ejemplo, en 1824, el Consulado de Comercio se encargó de recolectar un préstamo patriótico de 21 mil pesos destinados a cubrir los gastos de la guarnición de la Ciudad de Guatemala y en febrero de 1825, Barrundia obtuvo 80 mil pesos de las principales familias de la ciudad.(44)

Guatemala utilizó otro recurso, las bebidas embriagantes (aguardiente y chicha) y sacó a subasta las licencias para la venta de las bebidas. Por otro lado, se abrieron tantos puestos de venta como cada población lo permitiera, es decir, en los pueblos con un alto consumo de ambas bebidas.(45)

Barrundia, quien había cumplido con entregar los productos de la renta de tabaco al gobierno federal, dejó de hacerlo a mediados de 1826. No era el primer gobierno estatal que había incurrido en esa práctica pero en el caso de Guatemala fue decisivo pues provocó la caída de su gobierno y marcó el inicio de la guerra civil de 1826-1829.(46)

El gobierno federal, debido a la precariedad de sus rentas, recurrió a la firma inglesa Barclay, Herring & Richardson, como agente para captar un préstamo de siete millones de pesos, de los cuales la Federación sólo recibiría cinco. Para mala suerte del gobierno, el mercado de bonos de Londres colapsó llevando a la quiebra a la casa de contratación. En última instancia, la Federación sólo recibió 328,316 pesos y contrajo una deuda por un millón.(47)

El único impuesto que aún proveía de fondos a los gobiernos federal y estatal era la alcabala. No obstante, en los primeros años de la Federación (1823-1826) el gobierno no percibió los recursos esperados, debido sobre todo al contrabando y al soborno en las aduanas. La Gráfica 3.1 compara los ingresos aduanales y el comercio estimado, que incluye la suma de importaciones y exportaciones. La ironía, como señala Wortman, era que mientras la situación de los gobiernos se tornaba más precaria, el comercio florecía en Guatemala y El Salvador, gracias a los precios del añil y a la expansión de la cochinilla. “La fragilidad del gobierno había alcanzado tal punto que el comercio podía prosperar en la sede del gobierno sin contribuir sustancialmente con los gastos de mantenimiento de la administración”.(48)

Gráfica 3.1
Centroamérica: ingresos aduanales y comercio estimado, 1823-1826 (en miles de pesos)

Centroamérica: ingresos aduanales y comercio estimado, 1823-1826
FUENTE: Wortman (1982), Op. cit., p.241. Elaboración propia a partir de los Cuadros 13.3 y 13.4. En los años 1824-1826 el porcentaje de la alcabala de importación varió entre el 6 y el 10 por ciento. La alcabala de exportación se mantuvo al 2 por ciento.


En 1830, el Secretario de Hacienda, Mariano Gálvez, reconoció que las finanzas de la Federación estaban arruinadas no sólo por los gastos de guerra sino por la inobservancia de las leyes de parte de los Estados, a lo que había que agregar la administración deficiente de las rentas. Gálvez reportó que entre marzo de 1826 y abril de 1829, la administración de alcabalas había recibido la suma de 382,061 pesos, mientras que de abril de 1829 a marzo de 1830 habían ingresado 97,753 pesos. De esta cantidad, el 92 por ciento era producto de la alcabala de importación. Si a esta suma se agrega la producida por derechos de tesorerías y aduanas de los puertos, la suma se elevaba a cerca de 160 mil pesos.(49)

Los derechos de alcabala por importación variaban según el producto. Por ejemplo, los “efectos de algodón, puro o mezclado”, contribuían sobre el aforo del vista un 10 por ciento, excepto si provenían de “cualquier provincia de América independiente de España”, condición que reducía la alcabala al 6 por ciento. “Efectos de lino, seda y lanas, mercería; quinquillería y todos los demás sólidos y líquidos, 6 por ciento, y 4 si son frutos o manufacturas de América independiente”. En lo que a exportación se refiere, era libre la de todos los frutos y productos, excepto los metales preciosos (oro y plata) ya fueran labrados, acuñados o alhajas, que pagaban un 4 por ciento. El añil aforado a 25 pesos, pagaba por zurrón de 150 libras el 2 por ciento, mismo que se aplicaba a otros productos como el bálsamo, el balsamito y el cacao.(50)

Sin embargo, el Secretario reconoció que debido a los trastornos políticos y al desarreglo de administración, no era posible dar una idea del monto de lo importado y exportado y de los derechos que debería producir. A pesar de esto, el presupuesto federal que planteó suponía un ingreso por alcabala de 300 a 500 mil pesos,(51) una cantidad ilusoria si se tienen en cuenta los argumentos dados por el mismo Gálvez. La realidad se impuso, pues al año siguiente, el nuevo Secretario de Hacienda reportó un ingreso de 79,170 pesos por concepto de alcabala (el 84% correspondía a la alcabala por importación) cantidad que sumada al producto de las receptorías de los puertos dio un total de 150,189 pesos.(52) La Gráfica 3.2 resume los ingresos por alcabala para los años mencionados.

Gráfica 3.2
Producto de la renta de alcabala, 1826-1831 (en miles de pesos)

Producto de la renta de alcabala, 1826-1831 (en miles de pesos)
NOTA: La cifra acumulada de 1826-29 no incluye los productos de las receptorías internas (Gualán, Izabal y Costa Rica). Para esos años, el rendimiento promedio se sitúa alrededor de los 127 mil pesos. FUENTE: Exposición que al comenzar la actual legislatura ordinaria, hizo al Congreso Federal de esta República el Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda, sobre los negocios de su respectivo cargo…1830 (Guatemala: Imprenta Nueva, 1830), p.12; Memoria que presentó al Congreso Federal de Centro América el Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda del Supremo Gobierno de la República el 26 de marzo de 1831 en la legislatura ordinaria del mismo año (Guatemala: Imprenta Nueva, 1831), Anexo 2.


Durante el gobierno de Mariano Gálvez se tomaron varias medidas para fortalecer la hacienda pública del Estado de Guatemala. Los ingresos por concepto de alcabala, tabaco, aguardiente y chicha eran los más importantes, aunque el contrabando tenía un impacto negativo en las rentas. También estaban los ingresos por papel sellado, comparativamente inferiores.(53) Además, creó un sistema de contribución directa en donde se fijaban cuotas según la actividad económica y la capacidad de pago, que recuerda el decreto de la Asamblea Constituyente del 12 de enero de 1824 (véase supra).

La contribución de los indígenas era de dos pesos anuales, mientras que el resto de la población se dividía según su ocupación. En los extremos de la tarifa estaban los peones, que pagaban cuatro reales al año, y los grandes comerciantes, cuya contribución anual se fijó en 20 pesos. Las personas que percibieran rentas o salarios pagarían el 0.5 por ciento de sus ingresos. Los cirujanos, médicos y abogados pagaban lo mismo que un vendedor de aguardiente, cinco pesos. En los años fiscales de 1835 y 1836, el Estado de Guatemala recibió por este impuesto 183,933 y 181,033 pesos, respectivamente.(54)

Otra medida que puso en práctica el gobierno fue el reglamento para la administración de las rentas del Estado, que introdujo una tasa del 4 por ciento en las ventas y trueques de todos los frutos y efectos que se comerciaran en el territorio, con algunas excepciones: tejidos manufacturados en el país, la grana, los productos que no se hubieran cultivado hasta ese momento, y el café, añil, algodón y achiote cosechados por 10 años. Estaban libres del pago de alcabala los libros impresos, las máquinas y útiles para la agricultura, minería, artes y oficios.

La venta y trueque de bienes raíces, la imposición de censos y las ventas en almonedas y remates también pagaban alcabala. Se estableció una tarifa ad valorem, del 2 al 6 por ciento, según la naturaleza de la transacción. Por ejemplo, el 6 por ciento se aplicaba en el comercio de uno a otro pueblo, sobre todos los frutos que pagaban diezmo, con la excepción del ganado mayor, frijol y maíz. La alcabala de importación se mantuvo en el 2 por ciento, aunque si el bien cambiaba de manos pagaba más.(55) En 1835 se modificó el cobro de la alcabala interior, rebajándola al 4 por ciento, y se estableció una lista de efectos que debían pagarla según los aforos establecidos por el decreto.(56)

A pesar de las medidas que tomó el gobierno, los ingresos nunca fueron suficientes para cubrir los gastos. Mariano Gálvez lo reconoció en 1836: “Mis cálculos en materia de hacienda han fallado…”.(57) En agosto de ese año, el gobierno recurrió una vez más al cobro de una contribución directa o “capitación” que consistía en el cobro de 12 reales anuales a todos los varones comprendidos entre los 18 y los 46 años de edad. El Cuadro 3.1 resume los impuestos vigentes durante el gobierno de Gálvez.

Los últimos años del gobierno de Gálvez coincidieron con la caída de los precios internacionales del añil. Sin embargo, mientras que el precio del añil declinaba, el comercio de la cochinilla iba en aumento. El cultivo, localizado principalmente en los alrededores de la ciudad capital, favoreció a los comerciantes y al propio gobierno, pues ambos redujeron su dependencia de El Salvador, el mayor productor de añil del área.

Cuadro 3.1
Principales impuestos y contribuciones durante el gobierno de Mariano Gálvez

Impuesto Introducción Descripción
Alcabala 1832 Impuesto sobre las ventas y trueques de todos los frutos y efectos comerciales. Se aplicaba una tarifa ad valorem según la naturaleza de la transacción, del 2 al 6 por ciento. En algunos casos funcionó como arancel de importación.
Alcabala interior 1835 Estableció que el comercio de uno a otro pueblo pagara alcabala del 4 por ciento. Incluye una lista de los productos sujetos al impuesto.
Aguardiente 1832 Ratificó la venta de licencias para el expendio de la bebida y los remates al mejor postor.
Chicha 1832 La renta continuó bajo el sistema de licencias para la fabricación y venta de la bebida.
Contribución de caminos 1830 Todo vecino, entre los 15 y los 50 años de edad, estaba obligado a trabajar en caminos 3 días al año. Conmutable por dos reales por día.
Contribución directa 1830 Los indígenas pagaban dos pesos anuales. Los demás habitantes, según su actividad económica (desde 4 reales hasta 20 pesos).
Capitación 1836 Cada varón entre los 18 y los 46 años debía pagar 12 reales anuales (1 ½ pesos). En 1838 la suma se aumentó a 2 pesos anuales. Fue abolida en diciembre de 1839.
Contribución territorial 1832 Impuso una contribución de 4 reales por caballería. Reemplazó al diezmo.
Carne 1826 El impuesto, vigente durante el gobierno de Gálvez, era de 4 reales por res beneficiada.
Papel sellado 1829 El impuesto estuvo vigente durante el gobierno de Gálvez. El valor de los sellos y su uso fue reglamentado en julio de 1839.
Tabaco 1832 Declaró libre la siembra y exportación de tabaco, pero estableció que los puestos de venta serían rematados sobre una base de 10 pesos.
FUENTE: Manuel Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala (Guatemala: Imprenta de la Paz, 1869-1872), T.I, p.772; T.II, pp.163, 281, 283, 299, 467, 474-75, 483, 525; T.III, p.294. Contribución directa: Wortman (1982), Op. cit., pp.255-256. Capitación: Gustavo Palma Murga y Arturo Taracena Arriola, “Apuntes generales sobre el proceso de desarrollo histórico de Guatemala relacionado con la generación de la riqueza”, en Cambios en la tenencia de la tierra: tendencias históricas (Guatemala: Sistema de las Naciones Unidas, 2004), p.80.


Como se ha visto, la Federación Centroamericana inició con debilidades financieras muy grandes, situación que no pudo solucionarse a pesar de los intentos de fortalecer los ingresos. La inestabilidad política, trasfondo de la crisis fiscal, contribuyó a que los intentos por cambiar la estructura tributaria fracasaran De esa cuenta, la alcabala y los monopolios de aguardiente y tabaco continuaron siendo las principales fuentes de ingresos.

El proyecto liberal llega a su fin
En el período en que Mariano Gálvez fue Jefe de Estado de Guatemala hubo una calma política relativa en el país, que no era ajena a los acontecimientos que agitaban la región. Francisco Morazán había consolidado los gobiernos liberales en las otras provincias de la República pero no había podido mantener la paz. Las guerras civiles habían continuado en El Salvador y Honduras. Costa Rica no escapó a esta tendencia y en 1835 tuvo su propio conflicto armado. En 1837 fue el turno de Guatemala.

La revuelta empezó en el oriente del país, bajo el mando de Rafael Carrera. El gobierno declaró la ley marcial y reprimió el levantamiento. La rebelión se había nutrido de varias fuentes: las más importantes fueron la implantación del impuesto de capitación, las políticas agrarias y de colonización y el ataque frontal al poder de la Iglesia católica. El detonante fue la epidemia de cólera. El gobierno de Gálvez cayó el 4 de febrero de 1838, cuando las tropas rebeldes, con Carrera y el liberal José Francisco Barrundia a la cabeza, tomaron la ciudad capital. Una vez derrocado el régimen de Gálvez, el más fuerte de la región, la Federación tenía los días contados.

Los departamentos de Sololá, Totonicapán y Quezaltenango, aprovechando las circunstancias, formaron el estado independiente de Los Altos, que como primera medida política se rehusó a pagar las exorbitantes contribuciones requeridas para el mantenimiento de las fuerzas armadas.(58)

Carrera, que se había retirado de la capital previo pago de 11 mil pesos (mil para él y los restantes para la tropa) reacomodó sus fuerzas y volvió a las armas. Esta vez, Francisco Morazán acudió al auxilio de los conservadores y enfrentó a Carrera. Mientras tanto, en mayo de 1838 el Congreso Federal declaró que los Estados podían organizarse como mejor les pareciera, conservando el sistema republicano y la división de poderes.(59) Nicaragua se había separado de la Federación el mes anterior.

Entre 1838 y 1840, Guatemala vivió en perpetuo estado de zozobra y guerra. Mariano Rivera Paz, un conservador, tomó el control del gobierno. Por medio de decreto emitido el 17 de abril de 1839, Guatemala se separó de la Federación y estipuló que las rentas federales pasaban a ser administradas por el Estado. En 1840, Carrera recuperó el Estado de Los Altos.

Los gobiernos conservadores de Honduras y Nicaragua, en enero de 1839, le declararon la guerra a El Salvador, cuyo Jefe de Estado era Morazán. Un golpe de estado lo derrocó en septiembre de ese año. Morazán invadió Guatemala por última vez en marzo de 1840. Fue derrotado por Carrera y obligado a huir a El Salvador.(60) Así se selló la suerte del proyecto federal y de los gobiernos liberales de la primera mitad del siglo diecinueve.

Características generales de la economía
Guatemala empezó su vida independiente con una estructura económica exhausta. Los liberales, fieles a su ideario político, trataron de impulsar una nueva política económica orientada hacia la libertad de comercio, apoyaron la diversificación en la agricultura y favorecieron la actividad industrial, incluso tomando medidas proteccionistas que iban en contra de sus creencias. Sin embargo, la inestabilidad política (especialmente las guerras civiles durante 1826-1829), la debilidad de las instituciones y la crítica situación fiscal hicieron que estos esfuerzos fueran en gran medida inútiles.

A principios del siglo XIX, la gran mayoría de la población guatemalteca se dedicaba a la agricultura de subsistencia. La agricultura de exportación, limitada al añil, fue golpeada por la crisis de precios consecuencia de la entrada del colorante proveniente de Bengala (India) en el mercado internacional, mientras que en el ámbito doméstico las guerras civiles dificultaron su cultivo y comercialización.(61)

El ocaso del añil propició la búsqueda de un nuevo producto de exportación, la grana o cochinilla (un tinte de color rojo extraído de la cochinilla, insecto que se alimenta de cierto tipo de nopal) destinado a la industria textil europea. En la década de 1830 la producción de grana fue en constante aumento (de unas 70 mil libras en 1830 a 700 mil libras en 1835) y para 1837 ya era considerada el principal producto de exportación.(62)

La producción de grana se adaptó fácilmente a la estructura económica y de transporte que había heredado del añil. Las nopaleras se concentraban en los alrededores de la capital, Amatitlán, Petapa y la Antigua Guatemala. La grana no necesitaba una inversión fuerte y tenía un alto valor por unidad de volumen, además sus demandas de mano de obra eran reducidas. Al no requerir grandes cantidades de mano de obra evitó en buena medida el reclutamiento forzoso de indígenas. Los productores eran generalmente “poquiteros”, es decir, pequeños productores, que fueron la base del sistema productivo.

El gobierno de Mariano Gálvez entendía que la dependencia de un monocultivo era riesgosa, y de ahí que se dictaran leyes con el propósito de diversificar la agricultura y desarrollar la industria a través de diferentes tipos de incentivos. Por ejemplo, en julio de 1832, se dispuso que “todo plantío que no se hubiese conocido en el Estado, o cuyo cultivo no se hubiese practicado, y todo ramo nuevo de industria, quedan libres de cualquier impuesto y derechos por el término de 10 años”.(63) Dos años más tarde, el gobierno ofreció 200 pesos al primer agricultor que cosechara 100 quintales de café y un incentivo similar se concedió a quienes de dedicaran al cultivo de “algodón de árbol”.(64)

Aunque algunos productores visionarios se dedicaron al cultivo del café, la grana dominaba el mercado de exportación de manera tal que la introducción de un nuevo cultivo no se consideró una prioridad. La Gráfica 3.3 ilustra el volumen y el valor de las exportaciones para el período 1835-1870.

Gráfica 3.3
Grana: volumen y valor de las exportaciones, 1835-1870 (miles de libras y miles de pesos)

Grana: volumen y valor de las exportaciones, 1835-1870 (miles de libras y miles de pesos)
NOTA: Cifras aproximadas. La caída en la producción de los años 1852-53 se debió a condiciones climáticas. FUENTE: Elaboración propia basada en: Woodward, Op. cit., p.379; David McCreery, Rural Guatemala, 1760-1940 (Stanford: Stanford University Press, 1994), p.[347].


La transición al siguiente monocultivo, el café, fue relativamente lenta. Paradójicamente, en la década de 1850 coincidieron el auge (2,587 millones de libras exportadas en 1854) y el inicio de la declinación de la grana, resultado de la competencia de las nopaleras de las islas Canarias y, a partir de 1858, de los colorantes sintéticos. La grana dejó de ser el motor de la economía nacional y para finales del siglo (1890) su exportación había cesado por completo.(65)



26 Ibid., p.253. El decreto fue ratificado el 1 de octubre de 1823, cuando la Asamblea ya contaba con representantes de todas las provincias, excepto Costa Rica.
27 Woodward, Op. cit., p.29.
28 Citado por Julio César Pinto Soria, “La independencia y la Federación, 1810-1840”, en Historia General
de Centroamérica
, T.III, Héctor Pérez Brignoli, editor del tomo (Madrid: FLACSO/Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993), p.105.
29 Artículo 69 incisos 6-12, Constitución Federal de 1824.
30 Artículos 94, 228 y 232 de la Constitución del Estado de Guatemala, 11 de octubre de 1825. Manuel Pineda de Mont, Recopilación de leyes de la República de Guatemala, T.II (Guatemala: Imprenta de la Paz, 1979), pp.261-262.
31 Woodward, Op. cit., pp.30-31.
32 Ibid., p.52.
33 “Mensaje del Jefe del Estado de Guatemala, doctor Mariano Gálvez, leído en la solemne sesión de apertura de las sesiones de la Asamblea Nacional Legislativa en el presente año de 1835”, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia 2:2-2 (1925), p.181.
34 Ignacio Solís, Memorias de la Casa de la Moneda y del desarrollo económico del país, T.III-A (Guatemala: Ministerio de Finanzas, 1979), p.671. Solís señala que en el presupuesto de 1833 la suma asignada para Educación apenas era suficiente para sufragar los gastos de las escuelas de la capital. 35 Woodward, Op. cit., p.53. La propuesta “occidentalización” de los indígenas era en realidad un proyecto asimilacionista.
36 Ibid., pp.49-50.
37 Rodríguez, Op. cit., p.202. La renta del tabaco había sido uno de las principales fuentes de ingreso durante el período colonial pero entre los años 1821-1828 sufrió una caída estrepitosa. El dinero recibido en Guatemala se redujo de 438,349 pesos en 1821 a 83,016 pesos en 1828, una reducción cercana al 80 por ciento. Wortman (1982), Op. cit., p.238.
38 Rodríguez, Op. cit., p.203; Robert S. Smith, “Financing the Central American Federation, 1821-1838” Hispanic American Historical Review 43:4 (1963), p.489.
39 Ibid,, p.218.
40 Thompson, Op. cit., p.208. Sin embargo, Wortman señala que en el año 1825 se recolectaron 3,547 pesos en el interior de Guatemala. Wortman (1982), Op. cit., p.332, nota 19.
41 Smith, Op. cit. p.488.
42 Ibid., p.494.
43 Ibid., pp.495-496.
44 Ibid., p.494; Rodríguez, Op. cit., pp.220 y 227; Wortman (1982), Op. cit., p.240. La cifra no estaba fuera del alcance de las familias acaudaladas. Thompson hizo un inventario de 37 familias residentes en la ciudad de Guatemala, cuyo capital calculó en un millón y medio de libras esterlinas. Op. cit., p.144.
45 González S., Op. cit., pp.113-114. Huelga decir que, con la excepción de la Ciudad de Guatemala, estos poblados eran mayoritariamente indígenas.
46 Rodríguez, Op. cit., pp.228-229.
47 Wortman (1982), Op. cit., pp.236-237.
48 Ibid., p.242. Este boom económico no perduró. La producción anual de añil entre 1826 y 1830 decayó a un quinto de lo producido en 1824-1826. Ibid., p.249.
49 Exposición que al comenzar la actual legislatura ordinaria, hizo al Congreso Federal de esta República el Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda, sobre los negocios de su respectivo cargo…1830 (Guatemala: Imprenta Nueva, 1830), pp.2 y 12.
50 Ibid., p.11.
51 Ibid., p.12 y 22. El 60% del presupuesto estaba destinado al Despacho de Guerra. 52 Memoria que presentó al Congreso Federal de Centro América el Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda del Supremo Gobierno de la República el 26 de marzo de 1831 en la legislatura ordinaria del mismo año (Guatemala: Imprenta Nueva, 1831), Anexo 2.
53 El impuesto de papel sellado fue establecido por decreto legislativo del 30 de noviembre de 1829. Pineda de Mont, Op. cit., p.525.
54 Wortman (1982), Op. cit., pp.255-256.
55 Pineda de Mont, Op. cit., p.283. Decreto gubernativo del 28 de agosto de 1832. 56 Ibid., p.299. Decreto legislativo del 14 de agosto 1835.
57 “Mensaje del Jefe de Estado de Guatemala, doctor Mariano Gálvez, al abrirse las sesiones ordinarias de la Asamblea Legislativa en 1836” Anales de la Sociedad de Geografía e Historia 2:2-3 (1926), p.315.
58 Wortman (1982), Op. cit., pp, p.264.
59 Ibid., p.265.
60 Ibid., p.267.
61 Ibid., p.257.
62 Ibid., p.258.
63 Pineda de Mont, Op. cit., T.II, p.612.
64 Solis, Op. cit., T.III-A, pp.666-667. Esta última medida se tomó pensando en el beneficio de la industria textil nacional pero para ese momento ya muchos tejedores habían quebrado debido a las importaciones inglesas.
65 Woodward, Op. cit., p.379, Cuadro 11; McCreery, Op. cit., p.129.


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